Adiós amigo. Homenaje a Ricardo Iorio

Mía es la voz que lo canta Y es por sentir que me atrevo Con las raíces que tantos olvidan Persiguiendo foráneos modelos... Por Sergio Com, Christian Dodaro, Ignacio Fontana y Gabriel Medina

Cultura Argentina 25/10/2023 Cristian Dodaro Cristian Dodaro

Envar el Kadri dijo que “los hijos de Perón fuimos duros y tiernos, serios y jodones, dialoguistas y apretadores, enamoradizos y olvidadizos, cantores y gritones, apresurados y retardatarios, pobres y pobrísimos.

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Nosotros, pobres de solemnidad, pobres vinimos al Movimiento, pobres lo servimos aún cuando millones pasaron por nuestras manos, y pobres seguiremos hasta el día en que nos vayamos a jugar con el Viejo arriba en alguna nube... Pobre ejemplo le dejamos a quienes, por ser los nietos de Perón, tendrían que saber que la política no es un medio para enriquecerse ni servirse, para trepar y trepar... Los hijos de Perón seguimos creyendo que es realista pedir lo imposible; o que podemos alcanzar las estrellas aunque estén muy altas; ó que se puede y se debe vivir como hermanos” ...

Quienes crecimos bajo la horfandad noventista, nos criamos en la lecturas el Kadri, Gramsci, Perón, los comics y fanzines de Parque Rivadavia, los relatos de Dolina, las pelis de Carpenter, Cronemberg y tuvimos en los Redondos y las bandas de Ricardo Iorio las luces que iluminaron la noche brumosa del neoliberalismo.

El rock de esa época ponía distancia entre lo que el presente esperaba de nosotros y lo que fuimos haciendo de nosotros mismos. Así, pasábamos los días entre canciones que ponían en palabras lo que sentíamos cuando intentaban imponernos la mersa de la TV “tinellizada” que se reía de los viejos y los trabajadores desocupados; y el simulacro de alegría bailantera que domesticaba las expresiones culturales populares con Ricky Maravilla y las políticas menemistas.

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Pero un puñado de músicos desplegaban su obra como una bandera de afirmación frente a la canallada y el cinismo. Y Ricardo con Hermética ocupaba la primera línea de esa constelación de referencias, con su agitación impugnadora y su meridiana convocatoria a resistir sin claudicar, a afrontar y confrontar. Sé vos, nos decía y al mismo tiempo nos alentaba a la memoria advirtiéndonos “olvídalo y volverá por más”.

La estela que el tano deja es larga. Desde sus inicios con V8, ha ido delineando la forma que el metal pesado habría de tener en nuestro idioma. Lejos de la fantasía anglosajona, la letristica de Ricardo estuvo poblada de coordenadas patrias. A la sombra de ese ancho tronco que fue su carrera musical, muchas bandas argentinas fueron haciéndose el camino. Pero su influencia es enormemente más grande que lo estrictamente musical. Porque Iorio es como Solari, su música es absoluto sinónimo de argentinidad. Ricardo Iorio partió, pero su poesía, su música, su voz ronca seguirá entre nosotros y nos traerá eternamente su presencia. Se dijo de otro cantante que tenía una garganta con arena, la de Ricardo era rocosa, oscura y profunda como los socavones de carbón, espesa cómo el aceite de un motor. 

Su escritura es la patria misma siendo dicha. En las esquinas donde nos sentábamos a tomar cerveza y escuchar Hermética o Almafuerte, fue que fuimos aprendiendo a ser disidentes, a que existía una diferencia por la cual debíamos serlo. A contrapelo de la industria cultural, de la renuncia de muchos a lo nuestro, es que la esquina musicalizada por Cacique Yatel nos dio cobijo y nos despabiló en los años en los que la TV adormecía a la sociedad. Muchas veces sus posiciones públicas, su iconoclastia para con su propia huella y su afán polemista amenazaron con fagocitar su propio legado artístico. Pero ahí permanecen las canciones, inoxidables y fulgurantes, haciendo ya parte insoslayable de quienes somos y de que va esto del metal en este suelo argento. Afirmando, además que la obra del perro cristiano, es inmensamente superior a esos “errores” que el progresismo siempre intenta resaltar para que nuestro recuerdo del general en jefe de las fuerzas armadas metaleras argentinas, sea esa y no la que en la realidad tenemos: el mas grande metalero pesado que supo tener este país.  

Iorio era un obrero que, por decir, tenía que pedir disculpas a la corrección de la etiqueta académica afrancesada. Un artista de voz grave implicado con la carne en el objeto cantado. Sin ninguna distancia intelectual respecto de su propio país. No era un artista poeta, un científico de la canción, era un metalúrgico del metal, un historiador de la pampa y la Patagonia. Un recolector sin guantes, sin microscopio. Pero por todo eso, el más inteligente de todos. El más poético de todos, el más artista de todos. 

Por eso no lo dejaron cantar el himno, porque en esa voz grave el pueblo sentía tirar de su carne, no de los bordes de un mantelito de patisserie al cual va a comer el progresismo palermitano, que prescribe, proscribe y vigilantea diciendo que es bueno, que es malo, que es lindo y que es feo. En nombre de los derechos a veces quita el derecho a los pibes de escuchar el himno en la voz de Ricardo. Que Olmedo tal cosa, que el papa Francisco tal otra, que el Diego no me cabe y que Eva era genial pero Perón era milico.  Y si progres, Milei existe por ustedes, no por nosotros.

Iorio es como el peronismo: se lo acepta, se lo asume íntegramente, sin ambigüedades, en todas sus partes, en los claros y en los oscuros. Su firme nacionalismo en épocas de perspectivas porosas globalizantes fue una referencia para muchos que pensábamos así y no teníamos espacio para pronunciarnos y para influir en otros que no tenían ninguna referencia sobre el tema. 

Su lucidez política le permitió identificar con nitidez los puntos de contacto entre el progresismo y el neoliberalismo para luego predecir un fututo peronista. Ricardo fue asfalto, pero también caminos barrosos, fue toro y pampa, pero también el pibe tigre. ¿Cuántas noches frías, de bufanda anudada al cuello, campera de jean, manos en los bolsillos, de cervezas en esquina nos habrá acompañado? Mitad sabiéndolo y mitad sin saberlo. Gracias a él nuestro metal tiene en su semántica al obreraje, los soldados de Malvinas, al indio y todo eso en lugar de dragones y castillos. Todo esto fue posible porque hubo un tipo que se animó a reflexionar y sentir desde acá. Un tipo que nos acercó al folklore, al tango y al peronismo. “Hembra Eva Duarte, macho Juan Peron cantaba” en Ser humano junto a los mios, Ricardo. Quien además siempre promovió el federalismo, el autoconocimiento de lo nuestro, la independencia y la soberanía. 

Las letras de Iorio son un corpus de enseñanza para la praxis. Una guía para conocer nuestra tierra y un faro moral. Como dijimos, Iorio era peronista. En todas las épocas fue peronista. Por eso además hoy perdemos un gran compañero. Es enorme la perdida, pero también gigante el legado. Aprender a transmitirlo, saber difundirlo y hacer con él la gran batalla cultural de nuestra era, es la tarea. Crucemos a Perón con Iorio. Hay ahí un montón para hacer y decir. Viva Perón, La H no murió y nunca fue muda.


Por Sergio Com, Christian Dodaro, Ignacio Fontana y Gabriel Medina

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