La CGT respaldó a Batakis pero exige respuestas y un fin a las hostilidades internas: “Estamos cerca del abismo”

Política 05 de julio de 2022 Por Redacción
La central obrera estuvo en la Casa Rosada durante la jura de la nueva ministra del Palacio de Hacienda y luego se reunió en UPCN, donde hubo inquietud por un gobierno fragmentado y paralizado ante una economía al límite.

“No hay ninguna posibilidad de hacer un paro, lo aclaro desde ya”. Esas palabras tienen quince días y son de Héctor Daer, miembro del triunvirato que dirige la CGT y secretario general del sindicato de Sanidad. La misma respuesta han dado los otros dos co-conductores de la central obrera: Pablo Moyano (Camioneros) y Carlos Acuña (Estaciones de Servicio). Pese a que la inflación y el aumento de precios golpea sistemáticamente los bolsillos de los trabajadores, el presidente Alberto Fernández ha contado con el apoyo sindical, que descartó protestar en las calles una y otra vez. Esa posición no ha cambiado, sin embargo, en último tiempo la preocupación se disparó.

IMG_0223-1125x750Es que entre los secretarios generales no solo crece la inquietud por una economía que exhibe números en rojo sin disimulos, también ven a un gobierno paralizado por las múltiples internas en sus filas. Esto se traduce en una traba para avanzar hacia un norte. Las últimas dos semanas, desde la CGT han monitoreado con suma atención la situación de Alberto Fernández, a quien han respondido desde su asunción en diciembre de 2019. Ese análisis arroja un mandatario cada más debilitado frente a los embates de Cristina Kirchner. El centro de la política hoy lo ocupa la vicepresidenta y lo que preocupa es que -pese a tener ciertos aliados cegetistas- históricamente se ubicó más cerca de los gremios alternativos, con la CTA a la cabeza.

En parte, el apoyo del sindicalismo tradicional a Fernández se explica por esa ecuación. La salida de Matías Kulfas del Ministerio de Desarrollo Productivo el pasado 6 de junio, inició un proceso de degradación a velocidad crucero de la autoridad del presidente en el Frente de Todos. La última estocada llegó el pasado sábado por la tarde, cuando se produjo la renuncia de Martín Guzmán por redes sociales. Su labor al frente del Ministerio de Economía nunca pasó el filtro cristinista y fue motivo de internas constantes. Mientras CFK encabezaba un acto en Ensenada, el ministro preferido del presidente anunciaba su despedida por Twitter. Las veintiocho horas posteriores reinó el silencio oficial y la sociedad argentina convivió desamparada con la falta de información. A última hora del domingo, la portavoz presidencial Gabriel Cerruti recién anunció (también por Twitter) a la sucesora: Silvina Batakis.  

Sin quejas pero con cautela: la CGT presente en la asunción de Batakis

La cúpula de la CGT fue invitada y no faltó a la jura de la nueva ministra de Economía en la Casa Rosada. Fue un gesto de cordialidad por parte del sindicalismo para mantener -al menos públicamente- la expectativa de la nueva designación. El plato fuerte llegó después, donde la "mesa chica" de la central obrera se agrandó y convocó a todos los máximos secretarios generales del sindicalismo a una cumbre en la sede porteña de UPCN. Los presentes fueron el anfitrión Andrés Rodríguez (UPCN), Héctor Daer (Sanidad), Carlos Acuña (Estaciones de Servicio), Pablo Moyano (Camioneros), Gerardo Martínez (UOCRA) y José Luis Lingeri (Obras Sanitarias), Mario “Paco” Manrique (SMATA), Guillermo Moser (Luz y Fuerza), Abel Furlán (UOM), Sergio Romero (UDA), Rodolfo Daer (Alimentación), Jorge Sola (Seguros), Juan Carlos Schmid (Dragado y Balizamiento), Mario Calegari (UTA), Víctor Santa María (Encargados de Edificios), Omar Plaini (Canillitas) y Norberto Di Próspero (Empleados Legislativos).

El encuentro duró más de dos horas de intenso un debate y fue alcanzado por la noche. Tras cruzar posturas, los sindicalistas cerraron filas detrás de la idea de no publicar ningún documento respecto a la asunción de la nueva ministra ni a la crisis del oficialismo. Sí manifestaron la necesidad de una audiencia con Batakis para conocer su hoja de ruta en medio de una situación económica al límite, ratificar la negociación de paritarias libres con empresarios y de blindar al ministro de Trabajo, Claudio Moroni, otro funcionario reprobado por Cristina Kirchner y apuntado por La Cámpora. Y, por último, se acordó avanzar sobre el pedido de un auxilio financiero de $35 mil millones para obras sociales que el presidente les prometió para este año y dejar abierta la puerta de un plan de lucha y movilización. 

“Estamos en una situación muy crítica, cerca del abismo. Los trabajadores estamos sumamente preocupados por el nivel de pobreza y la falta de inversión. Algo tenemos que hacer, no podemos quedarnos de brazos cruzados”, apuntó Gerardo Martínez, jefe sindical de la UOCRA, en diálogo con el periodista Carlos Pagni por LN+, tras haber participado de la cumbre cegetista. “Antes no existían las redes o había ciertos códigos de convivencia política en el que se sabía trasladar la información del resultado final y no todos los matices del preámbulo de ese debate. No sé por qué razón, pero para los trabajadores de la Argentina nunca pasó una situación así”, añadió.

Gerardo Martínez es, curiosamente, quien le obsequió a Alberto Fernández la famosa “lapicera”. Fue a mitades de mayo en un acto de la UOCRA como símbolo de gestión y de poder. No obstante, el elemento trascendería con la reversión que le haría Cristina en sus discursos para criticar al mandatario y exigirle carácter (“presidente, use la lapicera”). "Lo raro acá es que se exponga públicamente el enojo, ignorancia o ninguneo que puede haber de uno o de otro. Vemos un circuito de comunicaciones que no están en orden y se puede generar un cortocircuito”, agregó el referente de la Unión Obrera de la Construcción en la entrevista televisiva.

Como antesala a la jura de Batakis y la posterior cumbre de la CGT, Andrés Rodríguez (que además es el secretario adjunto de la central obrera) también llamó a la unidad del Gobierno Nacional al destacar la necesidad de “dejar de exponer la interna”. Al respecto, en diálogo con la AM 990, titular de UPCN explicó que "es una cuestión de conducción política. El Frente de Todos debe generar acuerdos internos, no debatirlos públicamente y fortalecer una estructura política que también incluye a los gobernadores, intendentes y la CGT”. Por otro lado, mencionó que los momentos de tensión que se vivieron tras la salida de Guzmán no alcanzaron los niveles del 2001, cuando renunció el por entonces presidente Fernando De la Rúa, pero reconoció que “hubo bastantes dudas que por suerte se superaron”.

Acusado por ala kirchnerista por su perfil academicista y su lineamiento con el FMI, la estadía de Guzmán en el Palacio de Hacienda gozó de una relación cordial con la CGT y hasta tuvo su “primavera sindical”. El ahora ex ministro de Economía les prometió que el acuerdo con el organismo internacional no incluiría reformas laborales ni previsionales. Si bien la promesa se cumplió, terminó tapada por el desequilibrio de los precios y el aumento del trabajo informal. La inflación no solo come el salario de los trabajadores, también expulsa cada vez a más personas a la economía informal y fuera de las fronteras de la CGT, lo que se tradujo en el protagonismo de los crecientes movimientos sociales en las calles.

Dudas por el liderazgo de Alberto: ¿habrá plan de lucho y movilización?

Alberto Fernández había logrado alinear hombres propios en los ministerios de Economía, de Desarrollo Productivo y de Trabajo. Sin embargo, el presidente perdió a los dos primeros en poco más de un mes tras las presiones de CFK y cía. La CGT coincide en la idea de mantener a Moroni, el último de los que queda en pie, pero sospecha de la entereza política del mandatario. En lo que va de su mandato, queda menos de la mitad del gabinete original. Algunos de su confianza partieron cuestionándolo como líder. El ex titular de Educación, Nicolás Trotta, por ejemplo que confesó haberse sentido "decepcionado". En el caso de Kulfas, el presidente sucumbió a las presiones y tomó partido en detrimento de su funcionario, que respondió con una explosiva carta de despedida. Guzmán tampoco se sintió respaldado y se fue.

Esa “falta de fuerza” también se vio representada en el último acto que Alberto Fernández encabezó en homenaje a Juan Domingo Perón, por los 48 años del fallecimiento del histórico político y creador del Partido Justicialista, en la sede Azopardo de la CGT. El encuentro estuvo en duda hasta último momento y, aunque finalmente se terminó realizando, las expectativas quedaron lejos. La “falta de liturgia peronista”, la escasa presencia de gobernadores (hubo solamente cinco jefes provinciales) y las tibias respuestas del presidente contra Cristina sobre el uso de la lapicera ("el poder pasar por convencer", le dijo a la vice) marcaron la tónica.  

Mientras las fichas del Ministerio de Economía se reacomodan con el desembarco de Batakis, por su parte, el sindicalismo pautó un nuevo encuentro propio para de dentro de dos semanas. Será durante la cumbre del Consejo Directivo de la CGT el próximo 14 de julio, mismo día en que el INDEC difundirá datos sobre la inflación de junio. Lejos de contar con un buen augurio, los resultados del informe podrían derivar en el anuncio de una movilización por parte del sindicalismo, que en estos dos años ha visto como las organizaciones sociales tomó la posta de las protestas en las calles. No se trataría de un paro general, un botón que aún la CGT no desea presionar, pero sí de una marcha “contra los formadores de precios”.

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